11.3.15

Entrevista a BATANIA / NEORRABIOSO

Imprevista BATANIA // NEORRABIOSO

Batania (también conocido como Neorrabioso) es un poeta nacido en Lauros (Vizcaya). Desde que reside en Madrid, con un aerosol negro como pluma decora las calles con lemas y versos de sus poemas. Además de publicar en su blog poesía y las que personalmente llama troyas literarias. Empezamos la sección de entrevistas de A tinta azul con él, un claro ejemplo de poeta urbano. Su último trabajo ha sido la antología La poesía ha vuelto y yo no tengo la culpa.

Bienvenido A tinta azul Batania, bienvenido a esta "inaguración" de la sección de Entrevistas del blog. A pesar de que lo hayas respondido decenas de veces, ¿cómo surge Batania? (¿y Neorrabioso?)
B: Cuando tenía treinta años me di cuenta de que mi vida estaba siendo malograda por dos sectas de nosotristas que competían entre sí por imponerme los escritores que debo leer, los deportistas que debo animar o la historia que debo saber. Ahí fundo el espacio Batania: para decir que soy mi propio país y que me siento con criterio para elegir a mis propios escritores, mis propios deportistas y hacer mi propia historia. Y fundo el tiempo neorrabioso, que es Batania con tambor y leopardo. Son dos mellizos: Batania es la hembra y neorrabioso el macho.


¿Qué te lleva a empezar tus pintadas y/o versos?
B: Para asomar la cabeza, naturalmente. Ten en cuenta que vine a Madrid con el proyecto de escribir contra Euskadi, contra España y contra El Corte Inglés. Con ese proyecto es difícil que te hagan caso en los lugares oficiales de la literatura. Por eso vine con ideas tomadas del movimiento de insumisión contra el Servicio Militar y de organizaciones antiglobalización que consisten, básicamente, en hacer reír antes de picar.


Por lo que he leído, hace tiempo tenías muy claro que no querías publicar un libro. ¿En qué momento decides hacer un libro en formato físico?
B: Qué va. He hablado siempre mal de los libros en papel pero nunca he dicho eso. Te cuento la historia. En 2008 y 2009 quería publicar, pero nadie me hacía caso, y eso que ya había escrito La casa sola, Un loco que se cree Batania, Se tarda tanto en caer de un andamio, Vivienda / Viviendo, Iratxe (nuevamente), Las fresas o La nectarina, que son algunos de mis mejores poemas, suponiendo que haya escrito alguno bueno. De pronto, a finales de 2009, en el tiempo de un solo mes, soy entrevistado por un periódico y dos radios de gran audiencia, que se acercan a mí intrigadas por la cosa del bufón o loco que va haciendo pintadas en las paredes. Y justo después de estas entrevistas, como por arte de magia, se me suceden una detrás de otra ofertas de hasta doce editoriales, la mayoría de las cuales ya me conocían de antes y pasaban olímpicamente de mí. ¿No te parece sospechoso? La conclusión a la que llegué es que los editores (no digo todos, pero sí la mayoría) buscan como alma en pena lo que llamo “poeta Burger King”, esto es, un poeta que se curre una imagen y que haga una poesía popular, sencilla y fácilmente vendible, sin que les importe la calidad del poeta porque, además, ellos no saben nada de calidades poéticas (quitando dos o tres excepciones, la mayoría de los editores que conozco saben de poesía lo que yo de aeronáutica). Y aunque mis raíces de poeta popular y de juglaría son obvias y las defiendo cada hora, creo que soy un tipo que se ha leído con cierto detenimiento la tradición desde Homero hasta Gonzalo Rojas y quiero, si un editor se acerca a mí, que me haga saber cuáles son las razones por las que desea publicarme, más allá de las puramente impresionistas en el plan de “porque sí” o “porque me gustas”. Pues bien: como año y medio después, aparece un tipo de Mallorca, Jorge Espina, que me manda un mensaje diciéndome que está hasta los huevos de mí y que va a publicar un libro mío y va a hacer doscientos ejemplares que va a repartir gratuitamente. Hablo con él por teléfono y quedo entusiasmado: el tipo me habla al dedillo de mis poemas y me dice que los que más le gustan son “Paloma”, “El semen”, “Los extranjeros” o “Titanic/Iceberg”, esto es, poemas casi desconocidos para los demás, pues la mayoría de la gente siempre me jalea por mis tres o cuatro clásicos de poesía política o por tres o cuatro poemas de amor a Iratxe o Natalia. Entonces me queda claro que este editor es distinto, que a este editor no le gusto solo yo sino mis poemas, y publico finalmente con él. Otra cosa es que al final he acabado abandonándole porque era un tipo que no me enviaba libros o me los enviaba con mucha tardanza, con lo que yo tenía que posponer recitales o incluso acudir a recitales sin libros, pero siempre le estaré agradecido porque le gustaba de verdad mi poesía y gracias a él me salvé de ser un “poeta Burger King”. Ahora me autoedito y me va mucho mejor, pero que publique en papel no quiere decir nada: mi zona de trabajo fundamental sigue siendo la red, que es democrática, gratuita, universal y ecológica, mientras que el papel es patriótico, monetario, piramidal y contaminante. Fíjate que acabo de sacar un libro de aforismos con Ebookprofeno, la editorial de Sol Kabañas y Felipe Zapico, y en la primera semana el libro ha tenido cinco mil visualizaciones, ¡cinco mil! Cifras que son impensables en papel. Ahora he encargado de ese libro cien ejemplares en papel, pues siempre hay cuatro que prefieren gastarse dinero antes que verlo gratis en la pantalla. Y es que, como dirían los aldeanos de Lauros, lo que ocurre es que “hay mucho atraso”.


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Quizás un tema relacionado podría ser tu concepción de autoría o derechos de autor, en tu libro añades una nota que dice que se puede hacer uso de tus versos sea cual sea la intención, (copiar el poema, mejorarlo...) ¿podrías explicarnos tu punto de vista?
B: Es que el temor al plagio, al menos en los poetas, me parece una completa tontería. O plagias un poema entero, que eso nadie lo hace o solo un tonto puede hacerlo, o por lo demás el plagio es casi imposible, porque el poema tiene unas exigencias en el tono y composición general que hacen muy difícil “incrustar” algo de otros sin que el poema se caiga al suelo. Por otra parte, yo he venido a Madrid a destruirme y a escribir una obra personal y arriesgada. Si me meten en la cárcel, que me metan. ¿Queréis plagiar mis poemas anticapitalistas? Pues cuidado, porque Loquillo perdió un juicio y tiene prohibido cantar una canción en la que cita a El Corte Inglés de una manera mucho más suave que en mis poemas. ¿Queréis plagiarme los poemas de Iratxe y Natalia? Pues cuidado, que esas mujeres son como la flor del Principito y los poemas que valen para ellas no les van a quedar bien a las demás. ¿Queréis plagiarme mis poemas contra Euskadi y contra España? Pues cuidado, porque el Código Penal establece penas de hasta doce años al que menosprecie al país o a una de sus comunidades autónomas. El mejor sistema antiplagio es escribir lo que nadie se atreve a escribir y escribirlo como nadie puede escribirlo. Por otra parte, la razón del copyright está disfrazada de méritos y blablablas pero es puramente económica. Y yo no quiero dinero, yo he venido a Madrid a cazar niebla. Dadme la niebla y quedaos con el dinero.


Simplemente para puntualizar, ¿si alguien empeorara tu poema qué sentirías?
B: El problema no es que te lo empeoren, es que te lo mejoren, como hacía Mozart con Salieri. Si te lo mejoran te joden vivo. Esto ya se ha realizado: los alumnos de Antonio Díez, en Fuenlabrada, se leyeron mi antología. Uno de los puntos del trabajo que hicieron consistía en elegir uno de mis poemas y tratar de mejorarlo. Y hubo más de un poema que compitió muy bien con los míos, joder, demasiado bien.


Desplazándonos un poco a la actualidad, ¿cómo ves el panorama español literario? ¿Crees que ha enmudecido?
B: Me la suda el panorama español. Si enmudeciera de verdad, eso que ganaríamos: podríamos aprovechar para leer todos los clásicos que tenemos sin leer.


¿Qué crees que ha cambiado y/o qué podría haber cambiado? ¿Cómo ves a los escritores actuales?
B: Es que me da igual. Vivo al margen. Pero veo a los poetas actuales muy mal. Mira, te voy a contar una cosa. Yo, después de años de arremeter contra el soneto y el sistema silábico-acentual, de los que me sigue molestando su eufonía y cuadratura, me he dado cuenta de que leer sonetos me ayuda mucho, porque mi tendencia a la retórica y a extenderme en vano se atenúa si antes de ponerme a escribir me leo diez o quince sonetos de Lope o Quevedo. Siempre me han gustado Lope y Quevedo, pero quizá nunca los esté leyendo con tanta atención y continuidad como ahora. Pues bien: creo que los poetas actuales lo tenemos muy chungo. No va a quedar ninguno, somos unos mantas. Y si queda alguno, será contra la opinión de Lope y Quevedo.


¿Te verías ganándote la vida escribiendo? ¿Trabajando en una editorial?
B: Hombre, ya la expresión “ganarse la vida” es un poco fea. Lo que quiero es ganarme la muerte.


¿Y como se puede encontrar literatura más allá de las editoriales?
B: En internet, en las bibliotecas públicas, en los muros de las calles, en las puertas de los baños o escuchando el lenguaje de la gente con oídos de la primera vez. Cuando alguien dice, “mira, se está levantando el viento” o tal redactor escribe “el tenis de Serena Williams brilló por su ausencia”, aunque son dos expresiones que se han convertido en tópicas, si las escuchas o lees con ojos de primera vez son maravillosas. El idioma está lleno de tropos fascinantes que han cristalizado en el habla de la gente. Y basta encontrarles el mecanismo para hacer otros nuevos.


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¿Cuál consideras que ha sido tu mayor influencia (artística, musical, política...)?
B: Mi padre. Soy un plagio inmenso de mi padre. Si mi padre regresara de la tumba y me pidiera derechos de copyright, me arruinaría. La segunda Iratxe: yo no sabía de la profundidad de mi yo hasta que ella empezó a tirar de él; como escritor confesional soy un invento de ella. Si alguien me hubiera obligado a escribir de mí mismo antes de conocer a Iratxe, yo no habría conseguido escribir ni dos folios. Y luego Muhammad Alí, Quevedo, Victor Hugo y Freddie Mercury.


¿Crees que en la poesía por ejemplo, existen requisitos (unas condiciones básicas que te hagan poeta)?
B: Cuando me dicen esa tontería romántica de que el poeta nace, yo siempre respondo: el poeta nace… con un pan bajo el brazo. Porque si naces en Somalia y tienes que preocuparte por encontrar comida, ya me dirás tú qué poeta vas a llegar a ser, por muchas condiciones innatas que tengas o por muchas tonterías vocacionales que escribiera Rilke en sus cartas. Ya decía Virginia Woolf que Shakespeare no habría sido Shakespeare si hubiera nacido mujer. En el mundo de los bares se ve muy bien que cualquier occidental que este bien alimentado puede llegar a escribir un buen poema, que solo es cuestión de esfuerzo y un poco de suerte. Ahora bien, para ser un buen poeta de forma constante hace falta estar enfermo de poesía, y lo mejor para ello es rodearte de otros enfermos como tú, porque si te juntas con personas sanas enseguida te curas y te das cuenta de que tomártela tan en serio es ridículo. Por eso, desde hace un tiempo, ya no quiero saber nada de poetas que van de poetas y resulta que conocen a Benzema al dedillo pero no saben quién es Olga Orozco, o te pueden tararear de memoria la última canción basura y resulta que no se saben ni un solo poema de Lope de Vega. Te perjudican. Cada vez que veo en un bar a Álvaro Guijarro, Arturo Martínez, Bárbara Butragueño o José Antonio Pamies, es que se me abre el cielo, porque ellos también están enfermos de poesía y con ese tipo de gente logras mantener tu enfermedad a salvo, hasta enfermas un poco más. Lo siento mucho por mi dogmatismo, antes no lo era tanto, pero desde hace un tiempo me he vuelto un yihadista de la poesía. Prefiero estar solo y enfermo que rodearme de poetas sanos y analfabetos que se dedican a hacer turismo con la poesía y me desentrenan.


¿Cómo asimilas eso de ser poeta?
B: Bueno, poeta, jajaja. Me gusta llamarme poeta por las horas que meto en esto, solo por eso. Mi padre trabajó mucho tiempo de albañil y nunca le oí decir de ninguno de sus compañeros “ese no es albañil”. Decía “ese es un albañil malo”, pero no le negaba la condición de albañil por mero respeto a las ocho horas que metía cada jornada. Creo que un poeta, más allá de su calidad, se merece que le llamen poeta si deja acreditados el horario y la pasión. Hay muchos poetas malos a los que tengo más respeto que a ciertos poetas buenos.


Antes de terminar quisiera pedirte un pequeño favor. En el blog vamos a empezar un pequeño espacio donde se recomendarán libros, tanto de poesía como de prosa. Si nos pudieras recomendar uno de cada modalidad lo agradeceríamos.

B: De poesía la Canción de amor de Alfred J. Prufrock, de T.S. Eliot. En prosa, Los miserables de Victor Hugo.


Las imágenes de la entrevista son obras del entrevistado. A él se le debe la autoría, no a la comunidad.
BATANIA // A TINTA AZUL (2015)
Leer, cada ocho horas, es el remedio

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