10.4.15

"Un reflejo en el espejo" por Cilla King

Todos hemos experimentado la cara siniestra de la vida, con mayor o menor intensidad, con más o menos edad a nuestras espaldas, pero la hemos experimentado. (Y si aún no te ha llegado el momento, felicidades).
Es como una lotería, nunca se sabe qué número te puede tocar, aunque se pueden hacer algunos cálculos estadísticos como si del Black Jack se tratara. Por ejemplo: si fumas habitualmente te puede tocar un bote de cáncer de pulmón, o si conduces borracho te pueden tocar 5.000€, y de reintegro, 6 personas muertas.  Si comes verduras, pescado, haces deporte, quizás te toque el euromillón y, lo más importante, una salud de hierro.
Pero, ¿qué pasa si estás sano como una rosa, pero tu mente te indica que, pese a todo, te vas a morir? Es una sensación extraña, desde luego.  Pero ocurre. Y, sin entrar en toda esa palabrería de psiquiatras y psicólogos, en lenguaje coloquial, se traduce en: es una verdadera putada.  Además, la muy hija de perra juega muy bien a las cartas, y lo mismo te saca un trío de taquicardias que un póker tan magnífico que te quita la respiración, literalmente. Con lo que tienes que correr para buscar una bolsa que te devuelva todo el dióxido de carbono extra que has perdido.
La muy hija de perra se conoce, de forma menos íntima, como Ansiedad. Tiene un primo hermano que se llama Ataque de Pánico. Son igual de (des)agradables los dos, uno más que otro. Yo tuve una amiga que padeció el primero de ellos.
Pensé que se moría, algo así como un suicidio involuntario. De esas que te da una taquicardia por la cara y te empiezas a poner nervioso, nervioso, más nervioso, tiemblas, se te cierra la garganta, sudas, respiras demasiado rápido, sudas más, se te hincha la vena que atraviesa el cuello verticalmente, empiezas a sentir el miedo subiendo desde el estómago, notas el pulso en los oídos, corriendo, más rápido, como un Ferrari atravesándote los huesos, tu mente se inventa un pinchazo agudo en el brazo izquierdo… y al final nada, no te da el infarto. No llegas a “suicidarte” mentalmente, porque consigues agarrarte a algo, algo que está muy profundo y ni recordabas que existe. La adrenalina te ayuda a darte cuenta de lo absurdo del momento, y la niebla se disipa. Hasta dentro de un par de horas, cuando se te olvida y vuelves a lo mismo.
Es un vampiro chupacordura. Tus neuronas se vuelven idiotas y lo único que ves por cada rincón del mundo es “voy a morir”. Un cartel encima del perro del vecino, unas luces de neón en la esquina superior derecha de la película que has ido a ver al cine con tu pareja y, pese a todos los esfuerzos, te recuerda que vas a morir. Pero no como lo piensan los más comunes de los mortales, no como algo lejano, que está ahí pero no está ahora.
Lo piensas como si te fueras a morir en este mismo instante. Ya. Y es una tormenta imparable.
Te succiona las ganas de vivir, las ganas, las…
Un día tienes gripe fantasmal, otro día fiebre fantasmal, al siguiente padeces una crisis de ansiedad real. Porque los verdaderos problemas que sientes, no existen.
Pero, por suerte, esta cara siniestra de la vida, tiene arreglo.
Hay otras que no, y ahí, suerte la mía, aún no he pisado.



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