20.10.14

Pizza del sábado noche


Por Equis.
El chico cuelga el teléfono. Garabatea en un post-it la comanda y la pega en un estante de la cocina. A partir de ahí el cheff italiano del que presume el rótulo del local empieza a añadirle a la masa todos los ingredientes. Esa suma continua de elementos se asemeja a lo que encarno mientras espero estirado en mi cama. Un surtido de factores me llevan a volver a pensarla. Enfoco un ángulo que no le gusta a mi sesera, que debería estar olvidado. Pasa un rato mientras trato de evitar pensar en ella otra vez, pero inevitablemente, reincido. Me surge la eterna duda, ¿qué decide que ya has olvidado a alguien? ¿una noche en vela? ¿dos polvos? ¿tres meses? ¿cuatro sonetos? ¿cinco amigos? ¿seis pizzas? ¿siete festivales? ¿ocho libros? ¿nueve porros? ¿O quizás diez lecturas? Cualquiera que afirme conocer la cifra exacta miente, no depende de un factor externo como es el tiempo, depende de nosotros. El timbre del interfono grita, ha llegado la pizza. Cojo el dinero justo y voy a abrir al repartidor. "Aquí tienes", "Gracias" y la conversa se acaba.
La pizza está cortada en ocho grandes trozos sobre la mesa, de fondo se escucha un programa de televisión. Me acerco una porción a los labios para terminar con el mal sabor de boca que me había dejado reincidir en el tema amoroso. Es difícil paliar con una memoria tan mal digerida, en la que al parecer de uno mismo el odio es justificable. Mientras saboreo la porción de pizza me fijo en la estructura blanca de plástico que evita que la cubierta se hunda y destroce la pizza, ¡que útil! mi vida necesita uno de esos. Siempre nos esforzamos en encontrar algo externo que nos ayude, en lugar de ver de qué somos capaces. El hombre se ha amuermado en una sociedad en la que el amor va enlazado con orgullo. El ser humano ha pasado de adaptarse a hacerse pasivo, y por si fuera poco, nos atrevemos a hablar del pasado tan temprano... Y como es obvio, esa suma no da ningún resultado positivo. Decido intentar prestar atención al televisor para dejar de pensar cosas por las que perdemos el interés, la ignorancia en lugar del odio.
Cojo otra porción y la ojeo antes de llevarla a la boca, como la gente debería hacer antes de cometer errores. Tomate frito, una masa poco humeante, sus quesos y especias. La gran diferencia que encuentro entre una pizza de supermercado y una de horno es la dedicación, el estar hecha a mano. Esto es como el amor, si lo basamos en arquetipos e ideales de Hollywood se vuelve previsible y corto de alas. El amor no tiene molde alguno. Ninguna relación es comparable, y menos con modelos ajenos que no tienen ni la mitad de problemas existentes ni sienten la mitad de lo que hacen. Vuelvo a intentar evadirme observando el próximo trozo de pizza que engulliré hasta sacarle el sabor, incluso antes de dejar ir la porción que todavía no me he terminado. Esta vez me fijo en las especias de la pizza, pequeños detalles de sabor que ayudan a la totalidad del plato italiano. Termino de comerme el último bocado sabor a cheddar y dejo ir la corteza sobre la caja de la pizza. Una vez más me estoy dejando lo mejor, la corteza. Vuelvo a pensar. Lo mismo sucede con el amor: la pasividad del humano impide que cada uno saque lo mejor de sí. La única actividad mental notable que hace el humano contemporáneo es trabajarse el razonamiento que según a su parecer argumenta sus actos. El razonar después de haber hecho lo que sea no es ningún argumento válido. Al acabarme otra porción siento un fuerte dolor en el vientre que viene acompañado de náuseas, prefiero pensar que es por comer tanto. Pero tan solo llevo 4 trozos de pizza devorados, así que continuo con mi cena. La vida es una totalidad, todo es negro o blanco, el gris es para indecisos y especuladores de la verdad. Concluyo considerando necesario acabarme la pizza a pesar del dolor de barriga puesto que tengo hambre. Mi obsesiva intención de terminarme la pizza para no pensar me hace recordar la gula. Es un pecado capital como la lujuria. No soy cristiano, pero si considero que algunos actos hechos con buena voluntad y otros con mala intención (pecaminosos desde el punto de vista cristiano). Me doy cuenta de que la gente intenta superar las cosas desplazándose al extremo negativo, y nos incluyo en la palabra gente. Unos con la gula y otros con la lujuria, ¿qué más dará cual sea el camino que tomes para traicionarte a ti mismo y lo que sientes? De repente pienso que quizás lo único que se necesita para olvidar a alguien es una "otra persona". Regreso a la perspectiva auto-crítica y ácida a pesar de que no me guste y me convenzo de que no es así: cada relación es una obra de arte distinta, una evasión de la realidad que según el autor, toma tan solo los cánones que desea. El superar a una persona con otra solo me producirá el apuro de necesitar a alguien constantemente a mi lado, la imposibilidad de vivir sin alguien. Nadie vivirá mi ruina ni habrá sentido tu asfixia, en el fondo estamos solos. Que alguien acostumbrado a ser pasivo sienta además la dependencia de otra persona termina mal. Cualquier suma con la pasividad o con la dependencia por separado, terminan mal. Quiero parar de comer pero aún queda otra porción, parece que me esté comiendo el doble para alimentar el odio que estoy engendrando en el vientre. Un bocado más cerca del final. El hombre pasivo se rinde, es más, vive rendido. Yo prefiero no rendirme a los siete trozos de pizza, he de acabar con este yo interior que a todos nos martiriza alimentando el desprecio y moviéndose entre insultos. Si esa persona que tu buscabas no era yo, y viceversa, quizás nos buscábamos a nosotros mismos. Si tanta razón tenemos cada uno ¿porqué no nos casamos cada uno con uno mismo? Madurar a partir de un error o seguir errando es como comerse una pizza familiar cuando no te encuentras bien. Después de la pizza fui al baño y salí a tomar algo con los amigos, para aliviar mi sesera y no martirizarme más. Luego te volví a ver, a partir de ahí encontré la respuesta que durante tantos minutos buscaba: lo único que nos faltaba para olvidarnos era volvernos a ver.

Basado en una pizza real.
Leer, cada ocho horas, es el remedio

numero de visitas de una pagina web

Seguidores

Entradas populares

Twitter