20.11.14

El hombre que bebió con un tal...


Por Equis.
La noche era invadida por el azabache de las nubes. Barcelona se volvió un aguacero gris en cuestión de minutos. Las calles eran una cloaca de hormigón y cemento, infestada de una caterva de ignorantes y plagas de drogadictos. Como muchos de ellos, terminé encerrándome en un bar de mala índole para resguardarme de la borrasca. Enfile un pasillo de baldosas rojas hasta el mostrador del garito. Dejé caer las monedas sobre la barra y pedí Whisky con tónica. Las monedas se quedaron bailando en circulos hasta que el camarero las acompañó con la mano hasta depositarlas en la caja. Mientras esperaba que me sirvieran la bebida miré a mi alrededor en busca de alguna mesa solitaria o lejos del rumor que producía la carroña que habitaba aquel antro, y en cuanto la tuve me dirigí a un rincón oscuro del local. Las luces que alumbraban la mesa estaban fundidas, era el lugar ideal para relajarse. Coloqué el vaso en la mesa de madera y me dejé caer levemente sobre el banco acolchado de en frente de la mesa. Cuando me acerqué a los labios el vaso me di cuenta de que a mi derecha había alguien, en otro banco situado en otra pared que convergía en aquel rincón. Tragué y volví a posar el vaso sobre la mesa mientras trataba de definir claramente la cara de aquella persona solitaria. Visualicé los labios del individuo, una boca barbuda dejaba entrever una lengua que humedecía un papel de liar.  - Buenas noches. - Dijo la voz ronca que se escondía en aquella sombra antes de meterse el cigarrillo de liar en la boca.
Sonreí levemente y le añadí:
 - Igualmente.
Volví a echar un trago, esta vez suspiré después de beber. Desde donde estaba sentado se podía ver la barra, la entrada y las escaleras al piso de abajo del bar. En aquel rincón podía apreciarse todo al detalle, cada gesto, cada mirada... Y todo tras un manto de sombra que me mantenía en el anonimato.
 - ¿Fumas? - Dijo el otro hombre que se encontraba en el rincón.
 - No, gracias. Y adelante, no me importa que fumes.
El hombre encendió un mechero que tenía en la mano y lo acercó al cigarro. Chispas y destellos anaranjados consumieron el cigarro permitiéndome ver junto con la lumbre que producía la llama del mechero su rostro. Sus ojos terminaban con arrugas propias de la edad, y su barba extremadamente poblada hacía deducir que era un hombre adulto de unos treinta años. Vestía una chaqueta de cuero marrón abierta y una camisa a cuadros amarilla con unas gafas de sol tintadas congando en el último botón.
 - Mejor - Añadió el hombre mientras soltaba el humo.
 - ¿Cómo dices? - Dije desconcertado.
 - Lo que digo es que está bien que no fumes -Aclaró el desconocido-. A pesar de que no te conozca encuentro de mala educación desearte la muerte con un cigarrillo.
 - ¿Tampoco será para tanto no? -Supe que el desconocido movió su cara hacia mi por la luz rojiza de su cigarro de liar, así que me apresuré a explicarme- Si tan grave lo considerara no me lo contaría fumando, y no le culpo, seguramente los riesgos de una droga legalizada se exageran demasiado tanto en la tele, como en el paquete--
 - Me temo que estás muy equivocado... -Interrumpió- Las consecuencias del consumo son las mismas independientemente de lo que opinen los medios de información. Y no creas que la gente sea siempre consecuente con lo que hace y lo que dice. Puedo estar en contra del tabaco y ser fumador, precisamente porque es una adicción y cuesta dejarlo puede darse esa contradicción.
El hombre se llevó a la boca una botella de cristal y bebió. Deducí que llevaba tiempo en el bar por el gruñirdo que emitió la botella de cristal al chocar con otras que estaban en la mesa. Hice un trago a mi vaso y seguí escuchando al misterioso fumador.
 - Incluso el empresario que trabaja en la tabacalera puede estarlo. Aunque debe tener suficiente dinero como para callar la conciencia...
 - Se te ve cabreado al decirlo -añadí-, ¿tanto te molesta?
 - Yo tuve un estanco, pero las facturas me hundieron. Tampoco era un negocio muy rentable... Por eso tenía algunas cosas de importación para algunos clientes... Todo fue bien hasta hace dos semanas, hubo un chivatazo y aquí he terminado, sin estanco y sin dinero.
El fumador dejó caer el cigarrillo y echó un sorbo a la botella.
 - Voy a por otra - Dijo mientras se levantaba hacia la barra.
Miré al misterioso hombre mientras andaba. Su mirada despreciadora se paseaba por todo el bar mientras se tambaleaba hasta el mostrador del bar. Me resultaba muy curioso que aquel fumador embriagado hubiera escogido la misma mesa que yo, de alguna manera su caracter se asemejaba al mío. El hombre misterioso llegó a la mesa y se sentó con otra cerveza en mano.
 - Y bien, ¿qué te ha llevado hasta esta mesa? ¿Qué me dices de tu vida?
 - Nada sorprendente. Trabajo por las mañanas ayudando a mis viejos en la frutería, y dejo las tardes para mis aficiones. - Me acerqué el vaso a los labios.
 - ¿Qué aficiones? - Preguntó antes de que pudiera ingerir mi Whisky - ¿Beber en garitos?
Emití una corta carcajada y eché un trago.
 - Me gusta leer , escribir poemas, escuchar música... Lo típico - Respondí -. Por las tardes siempre intento ir a dar una vuelta por la ciudad, aunque hay veces que la siesta me puede.
 - Así que frutero y poeta. Bonita combinación pero...
 - ¿Pero...? - Le pregunté.
 - Veo tu vida vacía, te faltan estudios o un buen trabajo...
 - Todo el mundo ve su vida vacía y no creo que eso se llene con estudios. Y ya tengo un buen trabajo.
 - Pero hay bofetadas que mejor que te las den en los estudios antes que en la vida. Puedes estar en contra de la escolarización o el modo de educación actual, pero en contra de la educación no. La vida no depende de los estudios, pero si de lo que te enseñan en ellos. De lo contrario tu vida dependerá de nada... - Añadió con tono burlesco.
 - Sin más complicación: en los estudios fracasé. Y me da igual saber si fue por el método educativo actual o por mi falta de ambición por ello. El caso es que yo no estoy defendiendo mi caso, simplemente digo que aún así todo me va bien. En el futuro algún altibajo tendré, está claro, pero tampoco aspiro a una vida burgesa ni nada por el estilo. No creo que sea un problema el no ansiar a grandes resultados.
 - Tampoco te lo tomes tan a pecho. Lo que digo es que has de hecharle pelotas a la cosa.
 - ¿Te refieres a la vida con la palabra "cosa"? - Pregunté antes de echar un trago.
 - Los escritores sois todos iguales, no veis más allá de las palabras. Que si "a este verso le sobra una sílaba", "a este le falta una sinalefa", juzgáis todo lo que no sean vocablos y todavía no sé con qué poder - Volvió a encender el cigarrillo de liar e hizo una calada -. Si te encuentras en esta mesa de bar es porque al igual que todos, arrastras una vida. Los valientes no escriben, actúan.
 - Tampoco veo mucha diferencia con sentarse aqui a fumar Amber Leaf y beber cerveza. - Dije un tanto molesto.
 - Touché... - Dijo mientras reía - Pero no te pongas a la defensiva, has de ser un poco autocrítico. Sino eres analítico contigo mismo no te lo permitas con los demás.
 - El caso es que desde fuera y conociéndonos de sopetón dificilmente se puede apreciar la personalidad del otro. Especialmente si la otra persona es tímida o cerrada emocionalmente.
 - ¿Un poeta tímido? De estos no los había en mi época. Creo antes en la poesía reivindicativa que no en la sentimental,  creo en Vallé-Inclán antes que José Zorrilla.
Hice un trago largo y acabé de vertir la tónica en el vaso.
 - Yo te veía más como Lope de Vega, pero si tú dices Vallé-Inclán, Valle-Inclán...
 - A tí se te ve de Federico García Lorca. - Añadió intrigantemente rápido.
 - Espero no tener que tomarmelo en el mal sentido... De cualquier manera te equivocas, el escritor al que más admiro es Bukoski -Bebí en espera de una contestación, y al no tenerla continué -. A propósito mi nombre es Alejandro, encantado...
El fumador misterioso se quedó en silencio unos segundos y dijo:
 - Max Estrella, un placer - Y movió su mano hasta estrecharla conmigo -. Así que del realismo guarro... Deja que te diga algo, la realidad no es lo que tu crees. La realidad no es turbia y sucia como tú ves. Es transparencia y azar. En ningún momento te enseña las cosas como son, solo lo malo y lo bueno de ello, como un cristal transparente que solo refleja luz o hace sombra, pero no tiene contorno alguno.
 - Me parecía haber entendido que estabas en contra de la escritura, ¡pero se te ve hecho un poeta!
 - No te hablo de poesía, te hablo de la realidad. No todo es como parece, nadie es uno mismo hasta que se encuentra ante el espejo del ascensor de madrugada.
 - Siempre y cuando creas que tu peor faceta es la que más te representa, claro. Creeme que a pesar de haber vivido miles de desgracias y haber desaprovechado oportunidades nunca he perdido la esperanza. Creo que eres tú el que tiene una mala concepción de realidad, o realismo. La vida no solo es perder. Y no todas las victorias merecen todo el orgullo que conllevan, eso te hace perdedor.
 - La sociedad actual no está hecha para ganadores. Está para perder y hacer creer que has vencido. Es imposible escapar al sistema, somos lo mínimo de él pero está hecho de manera que lo sea todo.
 - Ahora me he perdido, no sé si estás a favor de ello o no. De cualquier manera te aviso que tampoco te lo has de tomar a pecho, si pierdes la fé en tí y la lucha estás acabado.
 - El típico mensaje de "ten autoestima aunque sea por necesidad", no hay nada más triste que eso. Ni siquiera un eufemismo para enmascararlo... - El fumador movió su mano hacia la cara y se secó las mejillas con el puño cerrado - Ahora nadie gana ni pierde, actualmente las victorias y los logros se miden por el tiempo que duran. Parece que todo es una batalla de quien habla mejor, quien provoca la humillación o el silencio del otro durante más tiempo. Incluso las rupturas son así en la actualidad, tan vengativo es el sistema que la gente sale de ellas simplemente para plantar cara a su antigua pareja. Esa actitud la tuve cuando era adolescente, no es ninguna novedad y sé de sobra que no soluciona nada. Maldita sea, no necesito creer en mi por obligación para salir del paso, necesito saber que valgo.
 - Te entiendo, pero una persona a la que acabas de conocer mientras bebéis birra y Bourbon no creo que sea quien te haya de abrir los ojos. Y si crees que es así, en tu caso me preocuparía. Además, al hablar de conceptos generales como sistema o sociedad no se hace más que localizar el problema, pero no luchar por solucionarlo. Realmente no hay ninguna diferencia entre tú y un escritor realista cualquiera, sin embargo estás enfrontado a ellos. Tu mentalidad un tanto retrógada no puede combinar de ninguna manera con tu razonamiento para sacar nada en claro acerca de la realidad.
El fumador misterioso parecía hundido de repente. Se le había venido encima el mundo al detonar sus principios. Aquel baño de realidad estaba haciendo venir abajo aquella burbuja orgullosa en la que había vivido todo este tiempo.
El supuesto Max Estrella estaba calmando sus nervios rascándose el cuello y arrancando la etiqueta de la botella de cerveza. Eché otro trago a mi vaso para evitar el silencio. No sabía qué decir, resté mudo durante unos minutos. De repente ya no hablábamos, la conversa me había superado y él finalmente había decidido callar. Deseaba tranquilizarlo pero no sabía cómo conseguirlo.
 - No sé qué hacer... ¿Cómo soluciono mi vida?
 - Yo no puedo ayudarte - Me apresuré en decir-, tú has de saber qué hacer con ella, solamente tú.
 - ¿Y si no lo veo claro? - Preguntó mientras emitía una respiración nasal que delataba que había llorado.
 - Lo has de ver claro.
Al realizar el último sorbo a su cerveza se levantó, y sin dejar de acariciar la pared con la mano derecha se dirigió hasta el baño haciendo eses con los pies. Le miré a la cara y aprecié que se le veía abatido.
Tras un buen rato pensando qué podía decirle decidí que en cuanto regresara del baño le explicaría la anécdota de la chica que conocí en aquél mismo bar mientras se iba por la puerta. Lo único que necesitaba era conocer el amor, de una amistad o una pareja.
Me terminé mi bebida y el fumador todavía no había vuelto del baño, así que opté por ir al lavabo para vigilar que no le hubiera pasado nada, que en el estado que iba no sería ninguna sorpresa.
Entré al baño y la luz se encendió. El cristal del lavabo estaba roto en tres puntos y teñido con sangre, como si alguien lo hubiera golpeado. En el suelo se encontraba él, con heridas en los nudillos y la frente y manchado por un río de vómito a su alrededor. 
Hablábamos de realidad rozando los límites de pesimismo y aún así no habíamos contemplado ese final, que lo único que te haya enseñado el sistema sea a tirar la toalla. La realidad es que esta noche otra rata a muerto en la cloaca que es esta ciudad y a nadie le ha importado.
Leer, cada ocho horas, es el remedio

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